Cuestionario literario: Marina de León

 1 ¿Cuándo comenzaste a escribir y con qué pretensiones?

A los diez años empecé a escribir cuentos cortos, a los doce mi primera novela juvenil y a partir de ahí no paré hasta hoy día.

De niña no tenía ninguna pretensión, pero cuando alcancé la mayoría de edad sí que sentí cierta necesidad de dar a conocer al público mi trabajo. Sin embargo, no fue hasta hace cinco años cuando decidí presentar uno de mis libros al mundo editorial.

 

2 ¿Planificas los libros antes de sentarte a escribirlos o surgen sobre la marcha, al hilo de tus pensamientos, sin planificación?

Planifico parte de ellos, básicamente las ideas principales del apartado de ficción. Lo más complejo se centra en la labor de investigación, que debe ser muy exhaustiva y a la cual dedico muchas horas de trabajo.

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Cuento de Abelardo Castillo: Fermín

No hay un solo escritor en el mundo que pueda escribir borracho. La literatura exige lucidez. Los escritores alcohólicos escribían sobrios. Malcolm Lowry no pudo haber escrito Bajo el volcán borracho. O Días sin huella de Charles Jackson, porque es evidente que el autor cuando escribió estaba sobrio. No se puede hacer ninguna cosa demasiado drogado, ni demasiado borracho.

Abelardo Castillo, La Nación, 22-1-2017

 

FERMÍN

Fermín no era mejor que nadie, al contrario, tal vez fuera peor que muchos. No necesitaba estar muy borracho para romperle las costillas a su mujer, y prefería ir a gastarse la plata al quilombo en vez de comprarle alpargatas al chico. Era sucio, pendenciero y analfabeto. Opinaba que no se precisa ir al colegio para aprender a juntar fruta.

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Cuestionario literario: José Antonio Fernández Asenjo

1 ¿Cuándo comenzaste a escribir y con qué pretensiones?

No lo sé exactamente, pero ya hace algunos años, creo que hace más de diez. Las pretensiones por lo que lo hice, hay dos respuestas, primero porque me gusta, me entretiene, me relaja…, y segundo por envidia, sí, soy un gran lector y en muchas de las historias que he encontrado en los libros que leído y que me han transportado a otros mundos, a otros lugares, he sentido envidia y deseos de poder ser yo el que inventase historias como aquellas.

2 ¿Planificas los libros antes de sentarte a escribirlos o surgen sobre la marcha, al hilo de tus pensamientos, sin planificación?

Hago una primera planificación, pero luego no sirve de nada, o de poco, porque los personajes y las situaciones van cobrando vida y son ellos los que dirigen la historia.

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Cuento de Isabel Allende: Una venganza

de Isabel AllendeEl mediodía radiante en que coronaron a Dulce Rosa Orellano con los jazmines de la Reina del Carnaval, las madres de las otras candidatas murmuraron que se trataba de un premio injusto, que se lo daban a ella sólo porque era la hija del Senador Anselmo Orellano, el hombre más poderoso de toda la provincia. Admitían que la muchacha resultaba agraciada, tocaba el piano y bailaba como ninguna, pero había otras postulantes a ese galardón mucho más hermosas. La vieron de pie en el estrado, con su vestido de organza y su corona de flores saludando a la muchedumbre y entre dientes la maldijeron. Por eso, algunas de ellas se alegraron cuando meses más tarde el infortunio entró en la casa de los Orellano sembrando tanta fatalidad, que se necesitaron veinticinco años para cosecharla.

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Un cuento breve de Gustavo Adolfo Bécquer: Ojos verdes

Yo creo que he visto unos ojos como los que he pintado en esta leyenda. No sé si en sueños, pero yo los he visto. De seguro no los podré describir tal cuales ellos eran: luminosos, transparentes como las gotas de la lluvia que se resbalan sobre las hojas de los árboles después de una tempestad de verano. De todos modos, cuento con la imaginación de mis lectores para hacerme comprender en este que pudiéramos llamar boceto de un cuadro que pintaré algún día.

Cuento de Iván Turgueniev: Jermolai y la molinera

Cuento corto de Ivan Turgeniev
Familia campesina rusa época del zar

No sabría decir si los cuentos reunidos en el volumen Memorias de un cazador, de Iván Turgueniev (1818-1883), son cuentos de caza o cuentos sociales ambientados en el mundo rural de caza. Me baso exclusivamente en el contenido, en los textos. Es cierto que los personajes se mueven en los bosques, pisotean los sembrados, traspasan cercas, se escurren por las laderas de pantanos y ríos y suben a la montaña en busca de las fieras mayores. Sin embargo, el centro de cada historia es la situación de los campesinos rusos, su pobreza, su menoscabo, su atraso y ese apego enfermizo a la religión que los hace más dependientes y más ignorantes. Que me perdonen las gentes creyentes, pero yo lo veo así. Entonces al leer el libro caemos en un realismo ortodoxo, en una denuncia social que nos viste a nosotros también de harapos y nos coloca barbas y melenas desarregladas, desaseo, y observamos de cerca de niños muy serios con gorritos para el frío y botas de caña alta para chapotear en el barro.

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El Pabellón número 6 de Anton Chejov (fragmento final)

“Los enfermos visten harapos y se les da comer mal, basura; “comida de locos”, como se dice. El doctor Andrei Efímich es el encargado de los pacientes, a quienes atiende con amabilidad, pero con indiferencia. Su vocación de médico –que en realidad nunca la tuvo– se ha ido perdiendo en el tiempo. Él mismo se reviste de una gruesa caparazón para insensibilizarse frente a cada caso. Para él lo más importante es leer, tomar cerveza y fumarse un habano. Los internos antiguos son despojos humanos y los que han entrado recién, van en vías de serlo. Las autoridades conocen la situación pero la ignoran; no les conviene. En mejor tenerlos encerrados allí en esos pabellones de muerte a que anden sueltos por las calles. La sociedad, piensan los funcionarios, no se merece chocar o codearse con semejante escoria.

El lugar apesta y estremece. Chejov hace sentir ambas realidades. Dicen que la lectura de este cuento movió a Lenin a hacerse revolucionario”.  E.B.G.

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