Adiós a Vallcorba

Jaume Vallcorba, Acantilado, editor
Jaume Vallcorba, editor de Acantilado. Fuente de la imagen

ADIÓS A VALLCORBA

Francisco Rodríguez Criado 

Una amiga que vive en el extranjero me cuenta que siempre se desplaza por la ciudad en moto o en bicicleta. Según ella utilizar estos medios de transporte –y no otros como el metro o el autobús– definen su personalidad. A todos nos define algo: la ropa, el coche, la actitud, los gestos, el vocabulario… A un editor le definen, como no podría ser de otra manera, sus libros. Su catálogo es su carta de presentación al mundo.

Jaume Vallcorba, editor de Acantilado (uno de cuyos libros citaba yo en este esquina de prensa el pasado miércoles) murió el sábado. Desde hace bastantes años soy fiel lector de su editorial; prueba de ello es que me he enterado de su muerte mientras leía otro de sus libros. Esta fidelidad desde la distancia no da para escribir una reseña sentimental: jamás hablé con él, ni siquiera lo vi en algún acto literario. Y confieso que tampoco tengo mucha información más allá de que atesoraba ciertas virtudes como persona que son fácilmente detectables en los libros que publicaba: rigor, independencia, seriedad, rechazo de las modas, etcétera. En cualquier caso, si es cierto lo que decía Walt Whitman (“Tocas un libro, tocas un hombre”), puedo decir que llevo años leyendo al propio Vallcorba, un gran editor que no se plegaba a los vicios del mercado editorial sino que pretendía encauzar al lector por el buen camino.

Yo lo recordaré siempre como el hombre que se atrevió a cultivar muchos de nuestros hogares al introducir en ellos a Stefan Zweig, Sherwood Anderson, Ivo Andrić, Isaac Bashevis Singer, Roberto Bolaño y otros autores de gran calidad. Descanse en paz este caballero de las letras. 

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