Cuento escondido de Ramón Pérez de Ayala: El Padre Eterno

 

Ramón Pérez de Ayala
         Ramón Pérez de Ayala

Ramón Pérez de Ayala (1880-1962) nació en Oviedo y militó en la llamada Generación del 14. Tuvo una formación clásica, lo que le permitió crear una poesía y una narrativa de exquisita forma y fondo. Estuvo becado en Alemania e Italia, donde aprovechó esas estancias para dotarse de un depurado estilo paisajístico para describir los escenarios de sus obras y de una sutil ironía para embadurnar unos personajes cántabros hasta la médula.

Ejerció también el periodismo como algunos de sus maestros, entre ellos Benito Pérez Galdós, Leopoldo Alas, Clarín, y don Manuel de Unamuno, de quien heredó la complejidad para maridar lo sublime y lo grotesco.

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Cuento escondido de Antonio Tabucchi

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Antonio Tabucchi

Tabucchi, con el corazón partido en dos

Por Ernesto Bustos Garrido

Antonio Tabucchi muere de cáncer, en Lisboa, a los 68 años de edad. Había nacido en Pisa, Italia, pero Portugal lo atraía sobremanera. Le apasionaba caminar a todas horas por las calles adoquinadas de Lisboa, sentir las sirenas de los barcos de mil banderas y por las noches irse a escuchar fado. Fijó su residencia en ese puerto. Vivía la mitad del año allí. La otra parte del año se iba a Italia para dar clases en la Universidad de Siena. El amor por Portugal le vino a través de la obra de Pessoa. Con el tiempo se convirtió en un experto en la obra de poeta lusitano.

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Cuento chino: La protección del libro

 

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Cuento chino: La protección del libro

El escritor literato Wu, de Ch’iang Ling, había insultado al mago Chang Ch’i Shen. Pensó seguro de que este procuraría vengarse. Wu pasó la noche levantado, leyendo, a la luz de la lámpara, el sagrado Libro de las transformaciones.

De pronto se oyó un golpe de viento que rodeaba la casa, y apareció en la puerta un guerrero que lo amenazó con su lanza.

Wu lo derribó con el libro de las transformaciones.

Al inclinarse para mirarlo, vio que no era más que una figura, recortada en papel. La cogió y la guardó entre las hojas.

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Borges o la aventura de escribir a cuatro manos

Borges o la aventura de escribir a cuatro manos

Por Ernesto Bustos Garrido

Jorge Luis Borges escribía a cuatro manos con su amigo Adolfo Bioy Casares. De ese tándem salieron las célebres aventuras y desventuras de un tal Isidro Parodi, un señor que, por cosas de la vida, cae preso, pero desde su encierro tras las rejas se las ingenia para resolver los más oscuros y enredados casos policiales. Los relatos fueron escritos, a dúo, entre Bioy Casares y Borges (en los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo) pero para no dar la cara ya que ambos consideraban que esto sería una humorada, inventaron a un narrador-escritor: H. Bustos Domecq.

De esta sociedad salieron Seis problemas para don Isidro Parodi (Dos fantasías memorables) o Crónicas de Bustos Domecq, y Nuevos cuentos de Bustos Domecq.

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Cuento de Diego Fandos: Vecinos

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Cuento de Diego Fandos : El Vecino (Ira)  

Los días pasaban bajo una monotonía inmisericorde. Que ninguno de los dos tuviera trabajo ni esperanza de poder conseguirlo hacía que cada jornada resultara una fotocopia emborronada de la anterior.

Además de la inactividad forzada y la falta de dinero, el calor pegajoso de ese mes de julio criminal provocaba que las discusiones en casa se prodigaran con más frecuencia que de costumbre. Y como ninguno de los dos quería vivir pendiente de las miserias del otro, ella empezó a quedar más con sus amigas y yo opté por sumergirme en la televisión. Sin embargo, al ser verano, ya no había partidos de liga ni de champions, y ese año no se celebraban Juegos Olímpicos ni Mundial… Los realities no me atraían y las series me aburrían… La tele ya no era capaz de anestesiarme con la violencia necesaria.

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Cuento de Alfredo Zitarrosa: El allanamiento

Hoy anduvo la muerte buscando entre mis libros alguna cosa… Hoy por la tarde anduvo, entre papeles, averiguando cómo he sido, cómo ha sido mi vida, cuánto tiempo perdí, cómo escribía cuando había verduleros que venían de las quintas, cuando tenía dos novias, un lindo jopo, dos pares de zapatos, cuando no había televisión, ese mundo a los pies, violento, imbécil, abrumador, esa novela canallesca escrita por un loco… Hoy anduvo la muerte entre mis libros buscando mi pasado, buscando los veranos del 40, los muchachitos bajo la manguera, las siestas clandestinas, los plátanos del barrio, asesinados, tallados en el alma

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