Diario de un escritor frustrado

Pedro Menchén
Pedro Menchén. Benidorm, 1979

Literatura y frustación suelen ir de la mano. Bien lo sabe Pedro Menchén, que ha dedicado incluso un diario a la frustración del escritor en el que repasa su experiencia como autor y como persona que vive en soledad.

Diario de un escritor fustrado está publicado en la editorial Sapere Aude. Doy el prólogo del libro, en el que cualquier escritor que se precie podrá verse reflejado. 🙂

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“El discurso vacío”, de Mario Levrero

  A medida que avanzaba en la lectura de esta obra de Mario Levrero (ignoro hasta qué punto El discurso vacío, libro escrito a modo de diario, será autobiográfico: intuyo que lo es bastante, o así lo parece al menos a nivel espiritual; después de todo, como dijera Unamuno, “uno escribe siempre sobre sí mismo”, se entiende … Sigue leyendo…

El libro del desasosiego, de Fernando Pessoa

Fernando Pessoa, Libro del desasosiego
“El libro del desasosiego”, de Fernando Pessoa

 

Por José Sánchez Rincón

A Fernando Pessoa (1888-1935) le gustaba jugar con la literatura y de ese modo concibió sus heterónimos. Al mismo tiempo, fue escribiendo una especie de diario íntimo, desde 1913 hasta el final de su vida, sobre los más diversos temas (filosóficos, religiosos, cotidianos…), de una forma descreída y con un gran desaliento interior. “Son mis confesiones y, si en ellas nada digo, es porque nada tengo que decir. Escribo mi literatura como escribo mis asientos contables”. Aunque sea de ese modo, él se libera escribiendo y, sin pretenderlo, siempre es profundo, filosófico, Shakesperiano. Normalmente habla de lo que ocurre en su mente, pero, también, de lo que le rodea, con imágenes potentes: “A mí, la muerte me parece una partida. El cadáver me da la impresión de un traje abandonado. Alguien se fue y no necesitó llevar aquel traje único que había vestido… El silencio que emana del sonido de la lluvia son acordes visuales que van ensanchando el alma de goce estético”.

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"Verde agua", de Marisa Madieri


Verde agua, de Marisa Madieri (Minúscula, 2000)

Del pozo de la experiencia, Marisa Madieri (1938-1996) extrae agua pura con el cántaro del recuerdo y esa mirada absolvente y compasiva que la caracteriza. Observa los acontecimientos históricos (la guerra, la confrontación comunismo-capitalismo, las penurias económicas, el exilio de los italianos de Fiume, ciudad que en 1947 pasó a Croacia, a un campo de refugiados) sin tomar partido, sin acritud y sin condenar nada.

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El diario de Ana Frank

Ana Frank
 
No me resisto a comenzar este artículo con las palabras de John F. Kennedy sobre Ana y su diario: “De entre los muchos que, a lo largo de la historia, han hablado en nombre de la dignidad humana en tiempos de sufrimiento y muerte, no hay ninguna voz que tenga más peso que la de Ana Frank.”
Pero El diario de Ana Frank no es sólo un libro de un incontestable valor humano, sino también de una honda belleza. La joven autora lo escribe entre los trece y quince años de edad, y lo hace con humildad e inocencia irreprochables, así como con una extraordinaria sensibilidad. De hecho, Ana me recuerda mucho a esos personajes femeninos de Carmen Laforet, habitantes de un mundo en el que la mediocridad del entorno deja poco margen de acción a los jóvenes más idealistas. Así, las maravillas que alberga el diario son las maravillas que habitaban el espíritu adolescente de su autora: ideales y preocupaciones fácilmente reconocibles por todos los jóvenes del mundo.

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