Los fantasmas de la noche

Hay dos tipos de narradores: los que se afanan en explicarnos las entretelas de este mundo mediante una historia, y los que se limitan –que no es poco– a explicarse a sí mismos. Los primeros deben ser profusos y ofrecer numerosos elementos: personajes, descripciones geográficas y físicas, una trama, una acción, un andamiaje narrativo, tal vez un mensaje y, por supuesto, un final… Los otros autores, sin embargo, no necesitan una gran puesta en escena, pues no se trata tanto de novelar sino de hacer espeleología de uno mismo. Y eso es lo que hace Juan Manuel Hernández en Cuando la noche te alcanza (Tolstoievski, 2017).

Sigue leyendo…

Cuestionario literario: Denise Osicka

Denise Osicka
Denise Osicka, “A veces piensas que podrías cambiar de dirección, pero no siempre es así./ Foto: Oscar Márquez.

1 ¿Cuándo comenzaste a escribir y con qué pretensiones?

Aprendí a escribir con una Olivetti. Ya desde pequeña no me importaba hacer ridículo y la llevaba en mi maleta adonde hacía falta. Todas las niñas del colegio copiaban mis poemas en sus cuadernos, pero nunca ponían mi nombre, eso me desquiciaba. Creo que de ahí mis primeras pretensiones: ser reconocida, si a la gente le gusta lo que haces.

2 ¿Planificas los libros antes de sentarte a escribirlos o surgen sobre la marcha, al hilo de tus pensamientos, sin planificación?

(Risas). Sí, ya tengo unos tres libros en la cabeza, pero me sirve la escritura creativa de apoyo, la improvisación es lo máximo, parece que emanas de una fuente secreta muy superior a ti.

Sigue leyendo…

Cuento de Abelardo Castillo: Fermín

No hay un solo escritor en el mundo que pueda escribir borracho. La literatura exige lucidez. Los escritores alcohólicos escribían sobrios. Malcolm Lowry no pudo haber escrito Bajo el volcán borracho. O Días sin huella de Charles Jackson, porque es evidente que el autor cuando escribió estaba sobrio. No se puede hacer ninguna cosa demasiado drogado, ni demasiado borracho.

Abelardo Castillo, La Nación, 22-1-2017

 

FERMÍN

Fermín no era mejor que nadie, al contrario, tal vez fuera peor que muchos. No necesitaba estar muy borracho para romperle las costillas a su mujer, y prefería ir a gastarse la plata al quilombo en vez de comprarle alpargatas al chico. Era sucio, pendenciero y analfabeto. Opinaba que no se precisa ir al colegio para aprender a juntar fruta.

Sigue leyendo…

3 historias cortas de Petronio

3 historias cortas de Petronio

Hoy os ofrecemos tres historias cortas del escritor latino Petronio, de nombre completo Cayo Petronio Arbiter. No sabemos gran cosa de él, más allá de lo que nos contó el historiador Tácito. Al parecer fue un hombre de mundo, elegante, con ciertas aptitudes sociales que le iban a servir para organizar algunos de los espectáculos que se celebraban en la corte de Nerón.

Pero dime con quién te juntas… En fin, le acusaron de haber participado en una conjura contra Nerón y eso hizo que se suicidara (en el año 65 o 66). Antes tuvo tiempo de redactar algunos de los crímenes de tan dañino emperador.

Su obra más famosa es El Satiricón, un mosaico de las costumbres romanas del siglo I, por lo general obscenas. Después de dos siglos de su redacción, las narraciones breves de Petronio siguen deleitándonos. Y, como muestra, aquí tenéis tres botones. Disfrutadlas.

Sigue leyendo…

Roberto Bolaño y Monsieur Pain

Roberto Bolaño y Monsieur Pain

Un poco turbado por la novedad de la situación le rogué que tomara asiento mientras procedía a cambiarme en el cuarto contiguo. Pareció no oírme; durante unos instantes permanecimos inmóviles, como si nos contempláramos desde un ángulo hasta entonces inédito, ambos envueltos en algo que se asemejaba a la urgencia y a la timidez. Del exterior no llegaba el más leve ruido, sí acaso un murmullo a cosa indescifrable en el aire, a materia suspendida, y la luz que contorneaba su figura, poseía la intimidad gris de ciertas mañanas parisinas.

Dos cuentos húngaros

Dos cuentos húngaros

El escritor y miembro de la Academia de Ciencias Húngaras Gyula Illyés publicó en 1953 Setenta y siete cuentos populares húngaros (Hetvenhét magyar népmese1953), donde, como su nombre sugiere, recogía y elaboraba setenta y siete cuentos de la tradición literaria de su país. Al parecer, estos cuentos están en todas las casas húngaras, alimentando la imaginación de los más pequeños, generación a generación.

La editorial española Minúscula publicó Gente de las pusztas, de Gyula Illyés en 2002. Confieso que yo no conocía a este autor, y menos aún el libro que he citado. Reproduzco dos de esos sesenta y siete cuentos húngaros, que he leído en LHO.ES Literatura húngara. Ambos cuentos, “La pequeña vejiga” y “Su Majestad Miau”, están traducidos por Tomàs Escuder Palau.

Sigue leyendo…

Una historia corta de Antonio Montaña: Un aire turbio

 

Juicios exprés, y a veces ni siquiera eso. Y luego el paredón, o el cuchillo en el cuello o el balazo en la nuca. Así se resolvían los conflictos políticos y las intrigas pueblerinas en Colombia desde los años cuarenta en adelante. Entonces ya era un país dividido en dos bandos irreconciliables. Matar al enemigo era siempre un mero trámite cotidiano, como cambiarles el agua fresca a los pollos.

Este y no otro es el cuadro que pinta Antonio Montaña, importante escritor colombiano de la generación del cincuenta, en “El aire turbio”. El cuento tiene una construcción perfecta. El lenguaje es el apropiado para ir recreando el clima de indolencia por un lado y el de la violencia, por otro. A su vez, ya no refiere a una violencia soterrada, sino una violencia palpable día a día, en esa sociedad, tanto que se confunde con los oficios religiosos, las comidas típicas en las fondas, el guayabo (la resaca después de una noche de juerga) y los juegos de billar en la cantina. Otro aspecto notable es el ritmo de la narración: A la primera lectura pareciera de un andar lento, pero el relato tiene un vigor y una dinámica  que van enhebrando los hechos, a paso de tambor, para concluir con un desenlace inesperado. Realmente inesperado…

Sigue leyendo…