El libro del desasosiego, de Fernando Pessoa

Fernando Pessoa, Libro del desasosiego
“El libro del desasosiego”, de Fernando Pessoa

 

Por José Sánchez Rincón

A Fernando Pessoa (1888-1935) le gustaba jugar con la literatura y de ese modo concibió sus heterónimos. Al mismo tiempo, fue escribiendo una especie de diario íntimo, desde 1913 hasta el final de su vida, sobre los más diversos temas (filosóficos, religiosos, cotidianos…), de una forma descreída y con un gran desaliento interior. “Son mis confesiones y, si en ellas nada digo, es porque nada tengo que decir. Escribo mi literatura como escribo mis asientos contables”. Aunque sea de ese modo, él se libera escribiendo y, sin pretenderlo, siempre es profundo, filosófico, Shakesperiano. Normalmente habla de lo que ocurre en su mente, pero, también, de lo que le rodea, con imágenes potentes: “A mí, la muerte me parece una partida. El cadáver me da la impresión de un traje abandonado. Alguien se fue y no necesitó llevar aquel traje único que había vestido… El silencio que emana del sonido de la lluvia son acordes visuales que van ensanchando el alma de goce estético”.

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Pool literaria de Grandes Libros

La Odisea. Fuente de la imagen
Os informo de este ciclo de conferencias literarias en Real Club de la Puerta de Hierro, Madrid, que tiene como objetivo la divulgación de grandes libros. Estos actos están coordinados por  Juan Luis Hernández Mirón y Ángel Arias Urrutia, doctores en filología hispánica.
A continuación tenéis la información sobre este primer ciclo de conferencias de “La Pool literaria. Una tertulia en busca de nuevas aventuras”. 

“Rayuela”, de Julio Cortázar

Portada de la primera edición de Rayuela, de Julio Cortázar, publicada en Buenos Aires en 1963    Del lado de acá-del lado de allá, París-Buenos Aires, Cielo-Tierra. Rayuela es una realidad dual. Un paseo de la mano de Horacio Oliveira por París y sus pasiones, esas que tanto teme. Rayuela también es el Club de la Serpiente: …

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“Natasha”, de David Bezgozmis

David Bezgozmis
Escritor David Bezgozmis. Fuente de la imagen

 

 
UN ACONTECIMIENTO LITERARIO LLAMADO DAVID BEZMOZGIS
Con la publicación de Natasha, David Bezmozgis hizo realidad el sueño de cualquier escritor novel ambicioso: entregar una opera prima a la imprenta y recibir inmediatamente la bendición del público y de la crítica especializada. En este caso, la hazaña tiene mayor mérito al ser Natasha una recopilación de relatos, género menos proclive que su hermana mayor la novela a suscitar acontecimientos literarios de esta envergadura. Cierto que Estados Unidos es un país curtido en consagrar a muchos de sus mejores escritores que han frecuentado previamente el género breve (Hemingway, Cheever…), pero se da la circunstancia de que Bezmozgis no es estadounidense; tampoco es de Canadá, país de adopción en el que sitúa las siete narraciones que conforman el libro. El joven autor –lo diré ya– es de origen ruso: nació en 1974 en Latvia (Letonia), aunque reside en Toronto desde los seis años, cuando su familia se desplazó a esta ciudad en busca de nuevas oportunidades.

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“Stepanchikovo y sus moradores”, de Fiódor Dostoievski

Stepanchikovo y sus moradores, de Fiódor Dostoievski (El Aleph, 2010)

Dostoievski ha pasado a la Historia de las Letras como el gran maestro ruso decimonónico que desgranó con gran talento tesis sesudas sobre la humanidad (filosóficas, religiosas, sociológicas, políticas, etcétera) en novelas ambiciosas como Los hermanos Karamazov o Crimen o castigo. Se nos dice por activa y por pasiva que es uno de esos escritores irrenunciables a los que debemos leer aunque su propuesta narrativa nos exija un gran esfuerzo intelectual. Esa es precisamente una de sus grandes virtudes: poner el intelecto al servicio de la narración, o viceversa (si se prefiere).

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“El amor a la vida”, de Erich Fromm

Erich Fromm, autor de El amor a la vida. Fuente de la imagen
Erich Fromm nació en 1900 en Francfort del Meno, Alemania, en el seno de una familia judía ortodoxa que había dado varios rabinos. Es lógico, pues, que pronto se interesara por las narraciones del Viejo Testamento, cuyas enseñanzas acabaría comentando en algunos de sus libros. Cuando aún era un adolescente, protestó vivamente contra la Primera Guerra Mundial. A esta juvenil implicación política le seguiría un suceso que cambió su percepción de la vida: el suicidio de una amiga de la familia, una artista joven y hermosa, que decidió acompañar a su padre al más allá cuando el buen hombre falleció. Este suicidio, en principio incomprensible, marcó quizá el inicio de su interés por el psicoanálisis, que le depararía una fructífera carrera: al cabo de los años se convirtió en uno de sus máximos exponentes.

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