Cuestionario literario: Francisco Acedo

“La promoción de mis obras la hago a través de los canales de las editoriales, soy paradójicamente celoso de mi intimidad, no me importa airear mis pensamientos, reflexiones, sentimientos o recuerdos, pero no me interesa lo más mínimo que se sepa dónde estoy, qué llevo puesto o qué almuerzo. Me temo que con la divagación no he respondido a la pregunta, indudablemente ayudan y si se utilizan con cabeza pueden ser un modo de difundir exponencialmente una obra y sin un coste económico gravoso. El peligro, a mi modo de ver, es cuando el autor interesa más que la obra en sí. Ahí entraríamos en el debate sobre el volumen de ventas y la calidad o las motivaciones que al comprador (que no tiene por qué ser necesariamente lector) mueven”. F.A.

1 ¿Cuándo comenzaste a escribir y con qué pretensiones?

En plena infancia. Me recuerdo con un cuaderno y una libreta que no conservo, escribiendo algo que podría llamar cuentos, narraciones, historias… Incluso las ilustraba y eso que no he tenido jamás la más mínima habilidad plástica. Ya en la adolescencia surge una llamada más fuerte, más clara, que tiene un recorrido meandrinoso, y que responde a dos impulsos, el de intentar plasmar con mis propias palabras lo que leía y el experimental, con enormes descartes, pruebas, fallos y reintentos. No me atrevería a decir que existiera pretensión, sino una pulsión, una necesidad vital de lanzar fuera cuanto tenía dentro y que se imbrica con mi condición de adolescente letraherido, continuación del niño que creció rodeado de bibliotecas familiares y grandes lectores. Sin duda, y con la distancia, afirmaría que no fue un acto consciente, sino un desarrollo lógico de los primeros años de mi vida en los que se fraguó esa soledad voluntariosa por procuración tan necesaria que nunca me ha abandonado.

2 ¿Planificas los libros antes de sentarte a escribirlos o surgen sobre la marcha, al hilo de tus pensamientos, sin planificación?

Depende del género al que me enfrente, en el ensayo científico es absolutamente necesario, soy, quizá, excesivamente rígido con el método historiográfico y el rigor académico, cosa comprensible por otra parte en quienes nos dedicamos a estas disciplinas. El teatro tardo meses en pensarlo, en crear personajes y situaciones, sin embargo lo escribo de un tirón cuando está maduro, lo dejo reposar y después reescribo y corrijo. Con la poca narrativa que he escrito me sucede algo parecido. La poesía es muy distinta, los poemas surgen en un momento dado por necesidad y después se agrupan, tras un proceso de descarte. La poesía es el género que más pudor me produce, tal vez por ello mis poemarios duerman años antes de tener la osadía de publicarlos.

Cuestionario literario Francis Acedo3 ¿Cuál es tu género preferido como escritor y cuál como lector?

Reconozco mi dificultad a la hora de tener que pronunciarme sobre una elección concreta, haciendo un esfuerzo diría que como escritor el teatro, que lo encuentro más puro y vital y te permite ver la reacción directa del espectador (que no lector, en este caso), en una especie de liturgia literaria, porque una puesta en escena no es más que eso. Como lector en este momento el ensayo, tanto por deformación profesional como por consecuencia de la propia evolución personal. He sido un devorador de libros desde la infancia y soy capaz de leer casi cualquier cosa, y si en una época leí ávidamente novela, hoy es un género que personalmente me produce pereza, salvo contadas excepciones y relecturas.

4 ¿Escribes pensando en un lector específico o crees que cualquier persona es un lector en potencia de tu obra?

Si me parase a pensar en el lector escribiría pero no publicaría por miedo escénico, especialmente mis críticas de arte en América, sabiendo el alto número que las leerán y sobre todo el peso de ciertas personas. En el resto de géneros se puede decir que soy un autor minoritario y no me importa ser un outsider, ir contra corriente, que no se me englobe en ninguna parte. Las capillas me agobian en exceso, prefiero las batallas por mi cuenta, son más arduas, sin duda, pero cuando llega la victoria o la derrota, el resultado es infinitamente más satisfactorio y pleno. Escribo fundamentalmente para mí, porque me hace profundamente feliz ese proceso de exorcismo íntimo, después llega la parte exhibicionista que todo aquel que se dedica a este oficio tiene (y quien dijere lo contrario miente) y se muestra el proceso al público. En ese momento si a alguien le interesan mis textos y disfruta con ellos, miel sobre hojuelas, y si no, no se puede agradar a todo el mundo, que es una de las peores cosas que pueden sucederle a alguien. El vértigo al lector sólo se supera con un sano ejercicio de desparpajo.

5 ¿Te costó mucho encontrar editor para tu primer libro?

Lo cierto es que mis primeros libros, en la segunda mitad de los noventa, fueron ensayos fruto de investigaciones académicas y los publicaron bien universidades, bien las instituciones que las patrocinaban. Mi primer poemario fue cuestión distinta. Elegí una editorial pequeña, hoy desaparecida, les envié el texto y lo aceptaron. Debo confesar que tuve suerte en ello y pienso que también influyó el hecho de que desde los dieciocho años colaborase con medios de comunicación. Fue una tirada relativamente grande para ser un primer poemario, bastante arriesgado en temática, y se agotó con celeridad. Eso supuso para mí un aliciente para tomarme más en serio el desarrollar más la vía literaria pura sin abandonar la académica.

6 ¿Qué opinas de los muchos premios literarios que se convocan hoy día?

Nunca me he presentado a un premio, aunque he sido jurado de muchos y los que he ganado han sido por decisiones de otros. Me temo que en esto, como en nada, no se puede generalizar. Algunos sirven para descubrir talentos, otros pequeños son un modo de ganarse la vida (existen verdaderos profesionales en este campo) y la mayoría de los grandes tienen un marcado carácter mercantilista. Un premio no da mayor o menor prestigio a un autor o calidad a una obra, es simplemente lo que es.

7 ¿Vivir de la literatura es una utopía?

Pues no, depende de cómo se enfoque, es una manera como otra cualquiera de ejercer libremente una profesión. Primero uno debe de tener confianza en sí propio, después contagiar esa confianza a editores y lectores y tener claro que esto es una carrera de fondo con enormes altibajos, vacas gordas y flacas, deseos de escribir compulsivamente y de tirar todo por la ventana. No existe un modo único o una vía exclusiva, cada cual debe de intentar  encontrar su camino, que no es precisamente de rosas, pero admitamos que el de ningún otro oficio lo es.

8 ¿Qué diferencias encuentras entre el mundo editorial de tus inicios como escritor y el actual?

Desde que el pasado año tomé la decisión de ser editor veo las cosas de otra manera, aunque el panorama general es el mismo, aunque más polarizado. Las grandes editoriales copan un nicho amplísimo del mercado y someten a éste a su propia dictadura, reduciendo al libro a un mero objeto de consumo. Al mismo tiempo aparecen editoras independientes que dan a un lector determinado obras y autores que no tendrían cabida en los circuitos comerciales y que demandan ese tipo de publicación, a ello hay que sumar la ineludible realidad de las tecnologías de la comunicación. El mundo editorial no es más que un reflejo de lo que son los mercados hoy en día y el único modo de hacerse un hueco en él es la búsqueda de la satisfacción de lo que no se encuentra al alcance de todos. La exclusividad (que no el elitismo) es una herramienta necesaria para sobrevivir en esta jungla.

9 ¿En qué medida crees que pueden ayudar las redes sociales a difundir la obra de un escritor?

Las redes son algo fundamental hoy en día. Si no estás en las redes no existes, no obstante haya escritores que no las usen, pero publican en medios que sí están presentes -¡y cómo!- en ellas. El lector tiene curiosidad por ver cómo es la persona, tal vez el personaje, y ello le impulse a leerlo, o viceversa. Son las dos caras de la moneda. Mis perfiles en redes sociales no son literarios, por llamarlo de alguna manera. En el de Facebook (que es privado) hablo de lo que me apetece, porque en él están personas con quien mantengo o he mantenido en algún momento un trato directo; en Twitter publico cuestiones relativas a temas profesionales; e Instagram, que es donde tengo un mayor número de seguidores, lo dedico exclusivamente al Arte. La promoción de mis obras la hago a través de los canales de las editoriales, soy paradójicamente celoso de mi intimidad, no me importa airear mis pensamientos, reflexiones, sentimientos o recuerdos, pero no me interesa lo más mínimo que se sepa dónde estoy, qué llevo puesto o qué almuerzo. Me temo que con la divagación no he respondido a la pregunta, indudablemente ayudan y si se utilizan con cabeza pueden ser un modo de difundir exponencialmente una obra y sin un coste económico gravoso. El peligro, a mi modo de ver, es cuando el autor interesa más que la obra en sí. Ahí entraríamos en el debate sobre el volumen de ventas y la calidad o las motivaciones que al comprador (que no tiene por qué ser necesariamente lector) mueven.

10 ¿Qué opinas del libro digital?

Adaptarse o morir. Sería absurdo oponerse a él, especialmente cuando todo apunta que será el futuro, aunque en este proceso de vertiginosa aceleración que vivimos todo puede cambiar de repente. Yo pertenezco al mundo en extinción del soporte físico, como historiador siento veneración por los documentos materiales, pero es innegable que éstos han evolucionado desde la piedra a la tablilla, el papiro, el pergamino, el papel, de la incisión a la caligrafía, la imprenta, la máquina de escribir, el ordenador… La melancolía está bien para la creación, pero el pragmatismo debe de imponerse. Gracias al libro digital puedo tener acceso a material que de otra forma me sería imposible, tendría que irme físicamente a los lugares en los que están o pagar una fortuna por un facsímil, pero obviando las cuestiones meramente profesionales, la difusión de la literatura de hoy en soporte digital es una realidad indiscutible y hay que adaptarse a ella, aunque uno siga prefiriendo el tacto del papel, por el que por otra parte, confieso, siento una pasión que roza el fetichismo.

11 ¿Qué opinas de la autoedición?

Una opción más, grandes autores se han autoeditado y otros con menos fortuna también. Es un modo de los múltiples que ofrece este mundo literario de tener entre las manos un libro propio. Los problemas les llegan a los autores cuando se enfrentan no ya a los costes, sino a los canales de distribución, de los que se podría hablar largo y tendido. Es un modo de conseguir un sueño del que después hay que despertar.

12 ¿Consideras positivos los talleres de escritura creativa o piensas que no se puede enseñar a escribir?

Con todos mis respetos, siempre me han parecido una pérdida de tiempo y dinero. Me han ofrecido la posibilidad de impartir algunos y siempre me he negado. Para ser escritor creo que se necesitan dos premisas básicas (además del conocimiento de la lengua, que parece una obviedad pero no lo es tanto): el haber sido un lector voraz, que a la larga te vuelve selectivo, y el enfrentarte en soledad ante el proceso creativo. Si enseño a alguien a escribir lo haré como yo lo hago, la literatura no es una manifestación plástica donde el uso de técnicas se transmite de maestro a discípulo, aunque existen –matizo- excepciones autodidactas en ese campo, sino un proceso de interiorización en el que el escritor es quien va desvelando los misterios iniciáticos a través de las obras de otros.

13 Con el paso de los años algunos escritores acaban eliminando ciertos títulos de su semblanza. Aunque no precisamos conocer el nombre, ¿hay algún libro de los tuyos que te satisficiera en tus inicios, pero que ahora preferirías no haber escrito?

Para nada, lo escrito, escrito está y fue parte de una fase de mi experiencia vital que me ha hecho llegar al punto en que me encuentro y seguirá siendo el armazón de mi vida creativa. Lo que no he querido publicar a lo largo de estos años está guardado y quién sabe si algún día verá la luz. Me da rabia, eso sí, ver erratas, que por muchas galeradas que se revisen y correctores que haya, es inevitable que se escapen. No suelo releerme, pero cuando lo hago si cambiaria algunas cosas, pequeñas, anecdóticas, insignificantes, y es que una obra se puede someter a procesos de cambios ad infinitum, de hecho, uno de los grandes problemas a los que me suelo enfrentar es el decidir en qué momento una obra está terminada, de otra manera, no se conseguiría jamás poner fin a ese proceso.

Francis Acedo, sonetos

14 Para ese lector que aún no ha leído nada tuyo, por favor, recomiéndanos uno de tus libros. Cuéntanos brevemente cómo fue el proceso de creación y por qué has elegido ese título y no otro con vistas a nuevos lectores de tu obra.

Es difícil hacerlo, quizá me quede con Cáceres, Paseo por la Eternidad, el volumen que recogió mi serie en prensa del mismo nombre en la que cada domingo ofrecía mi particular visión de un monumento de la ciudad o el término municipal. En él se puede ver al historiador, pero libre de las ataduras que imponen los escritos académicos y dando rienda suelta a una prosa lírica que nunca hubiese tenido caída en un ensayo puramente científico, mientras que la divulgación sí te permite esas licencias. Es un texto donde la evocación, la memoria y lo autobiográfico se entrelazan. La mayor sorpresa la tuve al ver estos cien artículos reunidos en un volumen, textos que vieron la luz a lo largo de dos años y se escribieron semana a semana, y me asombré por la rotundidad de sus hilos conductores, tal vez porque las obsesiones, las pasiones y los leitmotiven latan siempre en el inconsciente buscando una salida.

15 Recomiéndanos, por favor, dos libros cuya lectura te haya impactado. Uno de un autor clásico y otro de un autor contemporáneo. (Da igual el género).

En cuanto al clásico diría en un primer lugar la Biblia, por ser mi principal objeto de estudio a día de hoy, pero los motivos ya los expliqué en una entrevista que fácilmente puede ser localizada en la red, así que diré otro texto sagrado, la Eneida, pero no por algo que se pueda presuponer evidente en un historiador como el intento programático de consagrar la divinización la dinastía Julia-Claudia o la asimilación de la religión helenística a los cultos imperiales romanos, sino por su belleza intrínseca y algo que está muy marcado a mi vida. En COU, una tarde de una soberbia primavera en la que tenía delante el Æneidos Liber IV, me di cuenta de que era capaz de entender el original sin necesidad de traducirlo y es más, no encontraba términos para poder volcar al castellano tanta belleza en el modo en que se describían los amores de Dido y Eneas. Ese momento fue transcendental en mi existencia y, sin saberlo, marcó mis andanzas académicas posteriores, mientras se me caían lágrimas recitando aquellas tiradas en voz alta.

En cuanto a lo contemporáneo habría que delimitar qué entendemos por contemporaneidad, pero no divagaré más, que bastante lo he hecho ya. Me quedo con una novela, a pesar de haber dicho que hoy no siento pasión por ese género y que debí de leer por vez primera en época cercana a lo anterior, y es Noticias del Imperio de Fernando del Paso, conveniente recordar en estos momentos donde dos subgéneros como la novela histórica y la historia novelada están heridas de muerte por saturación y mediocridad. Me fascina desde su exuberante y delirante comienzo en boca de la enloquecida Emperatriz Carlota con esa prosa riquísima llena de recuerdos de la vieja Europa y el exotismo americano, en la que resuenan ecos modernistas, hasta la construcción total de una novela redonda a través de los personajes, como si de una sinfonía coral se tratase, con diversas voces y lugares introducidos con técnicas arriesgadas y jugando con géneros diversos, el engaño constante entre la locura y la cordura, la realidad y la ficción, lo evidente y lo sugerido, el genial manejo de los contrastes, la verdad y la falsedad, el desarraigo y el enraizamiento, la fragmentación y la solidez, lo local y lo globalizado, en esa reflexión sobre la propia naturaleza humana inseparable de su paradójica condición de ser social, temporal y espacial.

Muchas gracias. Te deseamos mucha suerte en todos tus proyectos literarios.

El último libro de Francis Acedo es Sonetos peregrinos.


Francisco Acedo nació en Cáceres en 1971 y vive entre esta ciudad y Roma. Se licenció en Filosofía y Letras, Geografía e Historia y Lingüística en las Universidades de Salamanca, Sussex y Autónoma de Madrid. Máster en Historia Moderna e Historia Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid y en Sagrada Teología (Literatura y Arqueología Bíblicas) por la Romana Sociedad de Estudios San Gregorio Magno. Cursó los estudios de Doctorado en Historia y en Pedagogía en la Universidad de Extremadura. Amplió estudios en Dublín, Trinity College de Londres, Oxford, Cambridge y Saint Andrews. Es Doctor Honoris Causa por la Universidad Ruggero II. Ha sido Investigador y Profesor en varios Centros Universitarios y de Enseñanza, actualmente es Rector de la Romana Sociedad de Estudios San Gregorio Magno. Tiene en su haber más de una veintena de libros, entre ensayo, poesía y narrativa, y cerca de un millar de artículos en revistas científicas y en medios de comunicación nacionales e internacionales. Su obra se ha traducido al portugués, el inglés y el italiano. Es también, por su parte, autor de varias traducciones. Sus críticas de arte contemporáneo se publican mensualmente en México en Fahrenheitº Magazine. Como autor teatral ha estrenado una veintena de obras, contando con numerosos galardones, entre ellos el Premio Nacional de Teatro Camino de Santiago y varias nominaciones a los Premios Max. El pasado año comenzó su faceta como editor en Delika Edition &Design. Es miembro de diversas Academias y está en posesión de varias condecoraciones, distinciones y premios.

Francisco Rodríguez Criado es escritor y corrector de estilo y trabaja como redactor de contenidos para publicaciones de diversa temática. Su blog Narrativa Breve es uno de los espacios literarios más leídos en lengua castellana. El diario Down, testimonio literario sobre la paternidad y el síndrome de Down, es su último libro. (Web) (Facebook).


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