David Leavitt y el envenenado éxito literario

“Todo eso y mucho más (la “verdadera” historia que se escondía detrás de la huida de Mark –por contraposición al relato novelesco de Ben–, y la lucha por conservar la casa, y el divorcio de Daphne, y la muerte de Nancy) está en las memorias de Ben; y sin embargo, curiosamente, no se menciona en ningún momento a Jonah o Anne Boyd; ni tampoco a mí, aunque ya no resulte tan curioso. No salgo ni una sola vez. Se me excluye totalmente. Al cabo del tiempo, pregunté cuál era la razón.

–Bueno, Denny –me respondió–, los escritores siempre tienen que elegir. No se puede meter todo en un libro. Además, tú nunca estuviste metida en el ajo del todo, ¿a que no? Te limitabas a estar…, no sé…, allí. Al margen”.

Este fragmento de una conversación entre dos personajes de la novela El cuerpo de Jonah Boyd, de David Leavitt (Anagrama, 2006), podría ser un buen ejemplo del uso del narrador-testigo, de obligado estudio en los talleres de escritura creativa. Efectivamente, Denny Denham, la secretaria del conocido psicoanalista Ernest Wright, no está a priori “metida en el ajo” de esta historia. Solo a priori. Conforme avanzan las páginas, el lector descubre que Denny está narrando no solo la vida de la familia Wright, a la que está fuertemente vinculada (como secretaria y amante del cabeza de familia; como compañera musical de Nancy, la esposa, con quien toca el piano a cuatro manos…), sino que está narrando también su propia vida, con lo cual al final deja de ser una simple espectadora.

Denny asume el papel de narradora como testigo de unos hechos, aparentemente inocuos (la celebración de una cena en casa de los Wright el Día de Acción de Gracias de 1969, a la que asistirán una amiga de la familia, Anne, y el marido de esta, el conocido novelista Johan Boyd), pero que tendrán a la larga gran trascendencia para todos y cuya resolución (la novela desarrolla el misterio de unos manuscritos desaparecidos) llegará de manera inesperada treinta años después.   

Leavitt, el gran novelista de la causa gay, se aparta momentáneamente de la temática que le ha hecho famoso desde que publicara su primera y exitosa novela, El lenguaje prohibido de las grúas, para ofrecernos una historia que se lee con la intensidad y con el interés de los mejores thrillers.

David Leavitt y el envenenado éxito literario
El cuerpo de Jonah Boyd, de David Leavitt (Anagrama, 2006)

Gran novela, inteligente y amena, que toca tangencialmente la querencia por una vivienda universitaria como elemento perpetuador del abolengo familiar, la deserción a filas en tiempos bélicos y, con mayor intensidad, el oficio de escribir y la búsqueda de reconocimiento social y rédito económico que acarrea el éxito literario, ese que tantas veces se presenta envenenado. (El propio Leavitt fue acusado de plagio por el poeta Stephen Spender, al parecer con motivos, tras publicar su novela Mientras Inglaterra duerme).

El cuerpo de Jonah Boyd es, en fin, un ejercicio de estilo exento de retórica gratuita, todo ello al servicio de una historia dilatada en el tiempo que capta la atención del lector desde la primera línea hasta la última, seducido quizá por la gran lección del libro: “las verdaderas mujeres fatales no son siempre las guapas”. 

Francisco Rodríguez Criado

Título: El cuerpo de Jonah Boyd

Autor: David Leavitt

Género: Novela

Primera edición: 2006

Edición comentada: Anagrama

Traducción: Javier Lacruz 

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