“El viajero del siglo”, de Andrés Neuman

Andrés Newman, viajero del siglo, Editorial Alfaguara
El viajero del siglo, de Andrés Neuman (Alfagura)

 

A Wandernburgo, una ciudad “móvil” entre Sajonia y Prusia (geográficamente indeterminada), ha llegado un viajero sin aparentes raíces, un hombre extraño tocado con un birrete que ha hecho del viaje por el viaje su razón de ser, alguien para quien el mundo y la vida no son sino una sucesión de estampas callejeras que en nada le comprometen. Wandernburgo no es un destino final sino una etapa más. Y sin embargo… hay algo en la ciudad y en sus habitantes que le atrae irremediablemente. Con el paso de los días, este hombre sin aparentes ataduras acaba preso de una serie de fuerzas ignotas que le impiden abandonar el lugar; donde antes había un viajero ahora hay un ciudadano.
Hans, pues ese es su nombre, se hospeda en una pensión barojiana que no hubiera tardado en abandonar si un viejo organillero primero, y una atractiva e interesante joven después, no se hubieran cruzado en su camino. Y si en un principio Wandernburgo iba ser un puerto más para este marino de asfalto, acabará por convertirse, por capricho del casquivano destino, en el capítulo más comprometido de su existencia.
Este es, grosso modo, el argumento de El viajero del siglo, de Andrés Neuman, ambiciosa novela que ganó el Premio Alfaguara de novela 2009 y el Premio Nacional de la Crítica en 2010. De larga extensión (531 páginas en una fuente más bien pequeña, sin apenas saltos de líneas), El viajero del siglo es mucho más que la historia de un diletante entregado al estudio del mundo y de la condición humana. Por sus páginas se pasean personajes memorables (un viejo organillero, la atractiva e inteligente Sophie, su prometido Rudi, el propio Hans) que van entretejiendo una red de relaciones personales de las que se sirve el autor para  conformar un mosaico cultural del agrado de cualquier humanista.  
Narrada con morosidad en la acción y con un lenguaje cincelado y erudito, El viajero del siglo, como ocurre con las grandes novelas de Dostoievski, le ofrece al lector una narración concebida al servicio del debate de las ideas (política, sociedad, psicología…). En este caso, el ágora donde se debaten las ideas tiene por escenario el salón de la casa del padre de Sophie, donde la inteligencia local se reúne con asiduidad para debatir sobre lo divino y lo humano. Un salón donde se defienden o se condenan con igual pasión las ideas y las convenciones del momento, y donde Hans, más allá del escarceo ideológico, encuentra hueco para otro escarceo aún más peligroso: el romántico. Su adorada Sophie es una mujer que concentra en su persona las contradicciones del siglo: inteligente, atractiva, irónica y atrevida, y aun así sometida a un mundo gobernado, como siempre, por los hombres.
Una gran novela justamente premiada, culturalista por momentos y lenta en su desarrollo –pero siempre amena– que no solo le invita al lector a deleitarse con la narración sino que le incita a repensar adónde vamos y de dónde venimos. Una novela, en fin, que presupone un puente cultural entre el siglo XIX, cuando todo estaba por pensar y por hacer, y el siglo XXI, que parece haber perdido la fascinación por las grandes ideas y en consecuencia por los grandes cambios.    
Título: El viajero del tiempo
Autor: Andrés Neuman
Género: Novela
Primera edición: 2009
Edición comentada: Alfaguara Santillana
 
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