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Habitantes literarios de La Isla del Diablo

Henri Charriere - Papillon
Henri Charriere – Papillon

Habitantes literarios de La Isla del Diablo

 Ernesto Bustos Garrido / Periodista 

 

La Isla del Diablo (en francés “Île du Diable”) es la isla más pequeña de las tres Islas de la Salvación (en francés Îles du Salut), localizada a 11 km de la costa de Guayana Francesa. Tiene un área de 14 hectáreas (0,14 km²). Es rocosa y esta cubierta de selva tropical. Tiene una altitud promedio de 40 metros sobre el nivel del mar. Fue abierta en 1851 por Napoleón III para albergar todo tipo de prisioneros, desde asesinos a locos y criminales políticos. A pesar de que los edificios administrativos se encontraban en Kourou en tierra firme, con el tiempo todo el complejo fue llamado La Isla del Diablo. Desde 1852 hasta 1938 llegaron más de 80.000 prisioneros, y debido a las terribles condiciones sanitarias de la isla, la mayoría de ellos nunca volvió a ser visto. La única forma de escapar era por bote, y luego debía superarse una selva impenetrable, por lo que no se sabe cuántos convictos lograron escapar.

En 1932 un tal Henri Charriere llega a la isla en calidad de condenado. Intenta algún tiempo después varias fugas que no tienen destino. Finalmente alrededor de 1945 logra escapar a nado y en bote por el mar y arriba a las costas de Venezuela, donde rehace su vida. De aquella experiencia Charriere escribe en 1970 la novela “Papillon”, que era su álias por un tatuaje que llevaba en el pecho. El libro fue y es “superventas”. hasta el día de hoy. La película homónima fue protagonizada por Dustin Hoffman y Steve McQueen

Otro “famoso” que estuvo en ese infierno fue capitán Alfred Dreyfus, protagonista del caso Dreyfus, que estuvo allí más de cuatro años, hasta que fue perdonado en 1899 y finalmente declarado inocente en 1906.

Isla del Diablo
Isla del Diablo

 

Entre la ficción y la realidad

Un teniente de la marina francesa, Enrique Nevers, es enviado a la Guyana Francesa para cumplir una función en las islas de la Salvación. Una de ellas es la célebre isla del Diablo, donde se instaló aquella cárcel con miserias y horrores infrahumanos. El escritor argentino Adolfo Bioy Casares escribió la novela Plan de Evasión en el año 1945, que retrata magistralmente algunos aspectos de la vida infernal en ese pedazo de rocas, selva y tierra, en medio en un mar infestado de muerte y tiburones.

El siguiente es un fragmento del citado libro.

 

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Plan de evasión

Adolfo Bioy Casares

 

Cap. 23 de frebrero

 

Nevers recorrió la isla Real y San José (en su carta del 23, me dice: Todavía no encontré una excusa para presentarme en la isla del Diablo)

Las islas Real y San José no tendrán más de tres kilómetros cuadrados cada una; la del Diablo es un poco menor. Según Dreyfus, había en total, unos setecientos cincuenta pobladores: cinco en la isla del Diablo (el gobernador, el secretario del gobernador, y tres presos políticos), cuatrocientos en la isla Real, y algo más de trescientos cuarenta en la de San José. Las principales construcciones están en la isla Real: la administración, el faro, el hospital, los talleres y depósitos, el “galpón dorado”. En la isla San José hay un campamento rodeado por un muro, y un edificio –“el castillo”- compuesto de tres pabellones: dos para condenados a reclusión solitaria y uno para locos. En la isla del Diablo hay un edificio con azoteas, que parece nuevo, algunas cabañas con techo de paja, y una torre decrépita.

Los presidiarios no están obligados a ejecutar ningún trabajo; casi todo el día vagan libremente por las islas (con excepción de los recluidos en “el castillo”, que no salen nunca). Vio Nevers a los recluidos: en celdas diminutas, mojadas, solitarios, con un banco y un trapo, oyendo el ruido del mar y la incesante gritería de los locos, extenuándose para escribir con las uñas un nombre, un número en las paredes, ya imbéciles. Vio a los locos desnudos entre restos de legumbres, aullando.

Volvió a la isla Real; recorrió el galpón colorado. Tenía fama de ser el lugar más corrompido y sangriento de la colonia (penal). Los carceleros y los presidiarios esperaban su visita. Todo estaba en orden, en una suciedad y miseria inolvidables, Nevers comenta con desaforado sentimiento.

Tembló al entrar en el hospital. Era un sitio “casi agradable”. Vio menos enfermos que en “el castillo” y que en el galpón colorado. Preguntó por el médico.

-¿Médico? Hace tiempo que no tenemos -dijo un carcelero-. El gbernador y el secretario atienden a los enfermos.

-Aunque sólo consiga la enemistad del gobernador, escribe Nevers, trataré de ayudar a los presidiarios.

Luego ensaya esta obscura reflexión: -al obrar así me haré cómplice de la existencia de prisiones. Añade que evitará todo lo que pueda postergar su regreso a Francia.

 

*** Plan de Evasión/Editorial ADHASA. Pág. 19 y 20. / Primera edición: diciembre 1990. Barcelona. España.

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