Intimidades de Truman Capote

Truman Capote. Fotografía: Irving Penn
Truman Capote. Fotografía: Irving Penn

“Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio”. Esto lo dijo un hombre público, para que no hubiera dudas.

Es una declaración de Truman Capote, el célebre autor de la novela A sangre fría, quien con ella esparció más combustible sobre ciertos aspectos claves de su vida.

Cuatro guindas grandes sobre una torta de dulce y agraz.

A partir de entonces surge como la mala hierba, la revelación de múltiples aspectos de esa existencia.

El periodista norteamericano Lawrence Grobel logró practicarle una serie de entrevistas, las que posteriormente terminaron en un libro que revela diversos episodios de la vida del amigo de estrellas del cine como Elizabeth Taylor y Marilyn Monroe.

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Cuento escondido de Antonio Tabucchi

cuento escondido de Antonio Tabucchi
Antonio Tabucchi

Tabucchi, con el corazón partido en dos

Por Ernesto Bustos Garrido

Antonio Tabucchi muere de cáncer, en Lisboa, a los 68 años de edad. Había nacido en Pisa, Italia, pero Portugal lo atraía sobremanera. Le apasionaba caminar a todas horas por las calles adoquinadas de Lisboa, sentir las sirenas de los barcos de mil banderas y por las noches irse a escuchar fado. Fijó su residencia en ese puerto. Vivía la mitad del año allí. La otra parte del año se iba a Italia para dar clases en la Universidad de Siena. El amor por Portugal le vino a través de la obra de Pessoa. Con el tiempo se convirtió en un experto en la obra de poeta lusitano.

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David Leavitt y el envenenado éxito literario

“Todo eso y mucho más (la “verdadera” historia que se escondía detrás de la huida de Mark –por contraposición al relato novelesco de Ben–, y la lucha por conservar la casa, y el divorcio de Daphne, y la muerte de Nancy) está en las memorias de Ben; y sin embargo, curiosamente, no se menciona en ningún momento a Jonah o Anne Boyd; ni tampoco a mí, aunque ya no resulte tan curioso. No salgo ni una sola vez. Se me excluye totalmente. Al cabo del tiempo, pregunté cuál era la razón.

–Bueno, Denny –me respondió–, los escritores siempre tienen que elegir. No se puede meter todo en un libro. Además, tú nunca estuviste metida en el ajo del todo, ¿a que no? Te limitabas a estar…, no sé…, allí. Al margen”.

Este fragmento de una conversación entre dos personajes de la novela El cuerpo de Jonah Boyd, de David Leavitt (Anagrama, 2006), podría ser un buen ejemplo del uso del narrador-testigo, de obligado estudio en los talleres de escritura creativa. Efectivamente, Denny Denham, la secretaria del conocido psicoanalista Ernest Wright, no está a priori “metida en el ajo” de esta historia. Solo a priori. Conforme avanzan las páginas, el lector descubre que Denny está narrando no solo la vida de la familia Wright, a la que está fuertemente vinculada (como secretaria y amante del cabeza de familia; como compañera musical de Nancy, la esposa, con quien toca el piano a cuatro manos…), sino que está narrando también su propia vida, con lo cual al final deja de ser una simple espectadora.

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“La conjura de los necios”, de John Kennedy Toole

La conjura de los necios, Victoria Mera

La conjura de los necios, de John Kennedy Toole 

[Victoria Mera]

Para quien haya leído La conjura de los necios, estoy segura de que Ignatius Reilly, su protagonista, será sin duda uno de los personajes más extraños y, en cierto modo, entrañables con los que se habrá encontrado.

Quien no haya leído todavía esta maravillosa novela podrá disfrutar por primera vez del ingenio, la ironía, las extravagancias y el insólito mundo en el que se desarrolla esta rocambolesca historia, si es que se le puede llamar así. Y eso, amigo lector, es una auténtica suerte.

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