Cuestionario literario: David Torrejón

David Torrejón

Vivir de la literatura supone vender entre 10.000 y 20.000 ejemplares de cada obra y a su vez eso conlleva imprimir y distribuir al menos el doble. Eso es algo que solo está al alcance de los grandes sellos. Pero la crisis y la piratería han obligado a las grandes editoriales a concentrarse en sus negocios seguros. En la ficción eso quiere decir autores-franquicias internacionales, famosos de la televisión y autores consagrados. En consecuencia, esa clase media que se movía entre 10.000 y 20.000 ejemplares y en la que se encontraban los autores verdaderamente interesantes, ha desaparecido. Ya no pueden sobrevivir con conferencias, bolos o columnas de prensa. Lo único que les queda son los talleres de escritura. Miento, hay otra salida: convertirse en un profesional experto de la autoedición digital.

1 ¿Cuánto comenzaste a escribir y con qué pretensiones?

Como lector empedernido desde mi infancia, me imagino que era natural que quisiera probarme como escritor. Creo que con catorce años intenté escribir una historia de Guillermo Brown, un personaje que me apasionaba. Sin éxito alguno, claro. Luego perpetré poemas, canciones y algún cuento durante la adolescencia. Una vez comencé a estudiar Periodismo y a ejercerlo, la literatura empezó a estar más cerca y a la vez más lejos. Más cerca, porque la práctica constante indudablemente te hace ganar soltura. Más lejos, porque los géneros están muy alejados en su planteamiento y objetivo. Mi primer cuento largo más o menos presentable lo escribí con diecinueve años.

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Cuestionario literario: Paloma González Rubio

 

Paloma González Rubio
Escritora Paloma González Rubio

“Me decepciona que innumerables libros que ya no están disponibles en papel no tengan una versión digital. Parecía que la gran utilidad del formato digital estaba ahí, pero lo cierto es que la reedición se hace con gotero y la falta de reconocimiento del libro digital como producto cultural encarece terriblemente su compra con el IVA general, y en muchas ocasiones no anima a su adquisición frente al papel, que sigue teniendo una magia especial (y al no se le acaba la batería cuando más emocionante está el libro en cuestión). Por otro lado, el hecho de que la edición digital no requiera de una gran inversión convierte este sector en una selva. Gran parte de los originales disponibles no reúnen requisitos mínimos de calidad ni en lo que respecta a su valor literario ni a su edición”. P.G.R.

1 ¿Cuándo comenzaste a escribir y con qué pretensiones?

Como empecé a escribir tan pronto (conservo todavía un texto de cuando tenía cinco años) no tenía más pretensiones que las de crear. Imagino, porque no lo recuerdo con claridad, que la celebración de mi afición por parte de mi familia me llevó a seguir cultivándola por la alegría de la gratificación, por agradar. Lo que sí recuerdo después es que en el acto de escribir quien dejó la celebración a un lado fui yo misma. Escribir no es una tarea grata. Supone una insatisfacción constante, una autocrítica despiadada, el apartamiento de la autocomplaciencia. Hay momentos luminosos, aciertos aislados que recompensan un trabajo regular, duro y metódico. Momentos en los que se roza la belleza con los dedos y queda el recuerdo. Nunca me hubiera planteado la publicación de no haber conseguido el premio Saramago.

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“El delito de la lluvia”, de Paloma González Rubio

 

El delito de la lluvia, Paloma González Rubio

El delito de la lluvia, de Paloma González Rubio

Francisco Rodríguez Criado

El tema del apocalipsis nos tiene acostumbrados a una serie de películas, cómics y novelas de segunda categoría sin más objetivo –noble, en opinión de sus seguidores– que el de meternos miedo en el cuerpo. No es el caso de El delito de la lluvia (La Discreta, 2014), ambiciosa novela de Paloma González Rubio que enfoca el apocalipsis no como un simple destino narrativo sino como una vía de introspección para reflexionar sobre la esquinada condición humana y sobre la frontera que separa la realidad de la ficción.

La novela narra el día del fin del mundo a partir de dos personajes, Fabio, un expolicía que ha inspirado las exitosas novelas de Julia, su esposa, y Ángela, la mujer que se encarga de llevarlo en coche a una conferencia. Dos extraños que se ven obligados a compartir la más íntima de las situaciones que cabría esperar: la de la hecatombe final.

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