Cuento corto de Laura Massolo: Basta de soledades

 Laura Massolo, cuento

Cuando llego de la facultad, muy tarde, la botella mutilada desborda, y hay yerba y cenizas alrededor. Lucio duerme y mamá está en la computadora, como de costumbre, jugando al solitario. No me gusta comer así: me deshago de toda esa mugre y paso un trapo por la mesa. Después lavo mi plato y los de ellos, para que mamá, cuando se levante, encuentre todo limpio. Se me ocurre que, a la mañana, esos contenidos ya secos deben parecerse mucho a un recipiente del desierto.

Cuento, Laura Massolo

Cuento corto de Laura Massolo: Basta de soledades

Yo lo quiero a Lucio. Es tan difícil demostrarle mi cariño como soportarlo. Pero lo quiero de veras. Mamá dice que le debemos lo poco que tenemos, que si pude terminar la escuela fue gracias a él, que nos ha cuidado siempre a las dos.

Lo quiero por todo eso y porque le imagino cierto desamparo más allá del gesto hosco, del desdén, de las burlas. Y porque a veces me gustaría poder abrazarlo, como supongo que se abraza a un padre, aunque él no me lo permita, aunque diga tantas malas palabras, aunque haya que verlo, todo el día y todos los días, llenando de basura esas botellas plásticas.

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Intimidades de Truman Capote

Truman Capote. Fotografía: Irving Penn
Truman Capote. Fotografía: Irving Penn

“Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio”. Esto lo dijo un hombre público, para que no hubiera dudas.

Es una declaración de Truman Capote, el célebre autor de la novela A sangre fría, quien con ella esparció más combustible sobre ciertos aspectos claves de su vida.

Cuatro guindas grandes sobre una torta de dulce y agraz.

A partir de entonces surge como la mala hierba, la revelación de múltiples aspectos de esa existencia.

El periodista norteamericano Lawrence Grobel logró practicarle una serie de entrevistas, las que posteriormente terminaron en un libro que revela diversos episodios de la vida del amigo de estrellas del cine como Elizabeth Taylor y Marilyn Monroe.

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La relación entre Raymond Carver y su editor, Gordon Lish

Raymond Carver, Gordon Lish

“Muchos se preguntan por qué Carver aceptó que su editor, Gordon Lish, le metiera tanta mano a sus textos que los desfiguró por completo. Algunos dicen que Carver se dejó llevar por la corriente y porque su dependencia del alcohol en esos tiempos (años 70) lo tenía secuestrado en una burbuja de indolencia. De este modo, se cree que no le habría otorgado mayor importancia a una corrección que fue inmisericorde. De los diecisiete o diecinueve relatos que le entregó a Lish, este modificó más de la mitad. En algunos solo dejó el 30 % de la escritura original. En otros cambió, totalmente, los desenlaces, echando al tiesto de la basura una escritura potente y llena de significados, además de valiosa por sus propios méritos”. E.B.G.

Dime, Gordon: ¿qué les ha hecho a mis palabras? Esta es la pregunta que Raymond Carver, el autor de “De qué hablamos cuando hablamos de amor”, debió de hacerle a su editor, Gordon Lish. 

 

Raymond Carver, escritor norteamericano nacido en Clatskanie, Oregón (1938), identificado con lo que se bautizó como el realismo sucio norteamericano, es un personaje controvertido, al margen de su obra y su indiscutible talento para contar historias cotidianas. Se le ubica junto a Julio Cortázar, Anton Chejov nada menos, y a Jorge Luis Borges.

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La escritura rebelde de un soñador anarquista: Rafael Barrett

Rafael Barret

De Barrett, de quien nos ocuparemos en este caso, se puede decir mucho, pero hay que rastrear su obra en antiguas revistas y periódicos anarquistas y en enmohecidas bibliotecas de pueblos del interior. Es español de nacimiento. Alcanzó su primera luz en el pueblo de Torrelavega el 7 de enero del año 1876. Con 20 años se trasladó a Madrid. Apenas seis años más tarde se hace notar por agredir y retar a duelo en plana gala del Circo de Parish, al Duque de Orion”. E.B.G.

La escritura rebelde de un soñador anarquista: Rafael Barrett

Ernesto Bustos Garrido

La literatura del Paraguay, a contrario sensu, existe y anota otros nombres aparte del universalmente conocido Augusto Roa Bastos (“El trueno entre las hojas”). Es una literatura en muchos casos épica, salvaje, descarnada, que realza la lucha del hombre contra las pandemias sociales que se han dado en esa tierra de dos lenguas (español y guaraní). Es una escritura que rescata los acontecimientos históricos de este país de casi 7 millones de habitantes y coloca los puntos sobre las íes, ya que durante muchos años prevaleció en esa nación la historia oficial, transformando en héroes nacionales a verdaderas bestias humanas como el mariscal Solano López; el intrigante y sanguinario Doctor Francia, y al no menos siniestro Alfredo Stroessner, quien gobernó al pueblo guaraní con un hierro candente en la mano durante 35 años.

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La novela urbano-policial de Ramón Díaz Eterovic

Escritor Ramón Díaz Eterovic
Escritor Ramón Díaz Eterovic

La novela urbano-policial de Ramón Díaz Eterovic

Ernesto Bustos Garrido

Ramón Díaz Eterovic es puntarenense. Este es su lugar de nacimiento (1955), lo que lo distingue de muchos otros escritores. La ciudad queda de espalda al territorio antártico y está a miles de kilómetros de Santiago, la capital. Sus gentes son una gran amalgama de emigrantes de españoles, ingleses, croatas, alemanes, italianos, argentinos y chilotes, es decir, chilenos pero nacidos en la Isla Grande de Chiloé que llegaron a ese confín del mundo como braceros, peones para la esquila del ganado ovino, como mineros, y por sus habilidades marineras, para tripular los barcos, veleros y lanchones de diferentes banderas y patrones que surcaban las aguas australes para el traslado de mercaderías, la caza de lobos y ballenas y hasta la piratería y el contrabando. Ser puntarenense, es por tanto, echarse encima todas esas razas, todas esas culturas, y  abordar y adoptar cada idiosincrasia para sacar lo mejor de ellas.

Se puede decir entonces que Ramón Díaz Eterovic es un resumen de esta rica muestra humana, y desde allí ha dado forma a un estilo de escritura que es fácil de identificar. Es un gran contador de historias y su imaginación pareciera no tener límites. Es como si la suya se instalara arriba de un témpano, devorando miles de millas en busca de la frase y la palabra exactas hasta el infinito. Su prosa es cuidada y rápida, como el jinete que no tiene mucho tiempo para enredarse con faldas o prometedores negocios. Dispara y ya está. Así su producción literaria es abundante y en su cerebro hay cuerda para rato.

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Tres cuentos de caballos

caballo
Palomo, el caballo del Libertador Simón Bolívar

 

El caballo, el mejor amigo del hombre

Por Ernesto Bustos Garrido (Corebo)

Los hechos, siempre los porfiados hechos, han puesto en más de una ocasión en jaque aquello de que el perro es el mejor amigo del hombre. Rudyard Kipling escribió un cuento donde el mejor amigo del hombre es un gato. Otros se han inclinado por la piedra yesca (para encender la lumbre) y algunos por el caballo.

Y hay argumentos para aceptar este último. Grandes personajes de la Historia han cimentado su fama por sus caballos. Ahí están Simón Bolívar y Palomo; El Mío Cid Campeador con Babieca; las yeguas de Mahoma, Kuhayla (que significa fuerza), Saqlaui (belleza) y Muniqui (rapidez); Napoleón y el caballo Marengo (que era de color blanco) y que lo acompañó en toda la campaña de Egipto; y el gran Alejandro Magno y Bucéfalo.

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Katherine Mansfield: fina y sólida como una cerámica del oriente

Katherine Mansfield
Katherine Mansfield

Katherine Mansfield: fina y sólida como una cerámica del oriente

Por Ernesto Bustos Garrido (periodista)

El crítico literario florentino Pietro Citati describió de manera poética a la escritora neozelandesa, Katherine Mansfiel (1888–1923), con estas palabras: “Todos aquellos que conocieron a Katherine Mansfield en los años de su breve vida tuvieron la impresión de descubrir una criatura más delicada que otros seres humanos: una cerámica de Oriente que las olas del océano habían arrastrado hasta las orillas de nuestros mares”.

Es eso, pero no suficiente.

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